Dedicado
Te perdono el montón de palabras
que has soplado en mi oído desde que te conozco.
Te perdono tus fotos y tus gatos, tus comidas afuera,
cervezas y cigarros, es más...
Te perdono andar como tú andas, tus zapatos de nube,
tus dientes y tu pelo.
Te perdono los cientos de razones, los miles de problemas,
en fin, te perdono no amarme...
Lo que no te perdono es haberme besado con tanta alevosía
(Tengo testigos: un perro, la madrugada, el frío),
y eso sí que no te lo perdono,
pues si te lo perdono... ¡seguro que lo olvido!
Es más, te perdono (Noel Nicola).
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