¡Bolitaaaaaa!
Esta es la sorprendente historia de un niño que no aprendió de la experiencia. Se llama Julio pero no es el mismo Julio de los post de siempre, es otro Julio... y pa' no confundir, vamos a decirle Julito.
Resulta que mientras Julito y yo cursabamos la prepa (otra historia de antaño) solíamos jugar pesado haciendo «bolita» a todo aquel iluso desprevenido que se dejara agarrar. Las bolitas eran geniales, sobre todo porque desarrollabamos nuestra capacidad inventiva tratando de demostrar que siempre había nuevas maneras de aventarse a la bola de gente que se conglomeraba sobre el pobre descuidado que había caido en las garras del mal.
Julito, como siempre bien innovador, decidió subirse a uno de los pupitres y dar espalda a la bolita, preparose para aventarse tomando impulso al flexionar las rodillas... ¡y Julito voló! Voló de tal manera que todos suspendimos nuestras actividades al ver aquel majestuoso vuelo... hasta los de la bolita. Fué tal el impacto de la osadía de Julito que la bolita rápidamente se dispersó y todos vimos la futura trayectora -y final- del vuelo del pobre niño: el suelo. Julito jamás supuso que todos se quitarían para ver su «gran» salto. Al caer y después de oir el sonido seco como cuando pateas un saco de cemento, se alcanzó a escuchar un gemido que venía, evidentemente, desde lo más profundo de las entrañas de Julito: «...Aaghh...». Pobre Julito, aprendió su lección.
...En realidad ahí no termina la historia y, en realidad, ¡Julito no aprendió la lección!
Unos meses mas tarde, cuando ya «El vuelo de Julito» era mítico y hasta se rumoraba que el tal Julito era un hombre de 1.80 mts. bien trabado que había volado a más de tres metros sobre el nivel del piso, las bolitas hicieron su reentrada teatral a nuestro grupo. «¡Bolitaaaaaa!» era el grito que se oía justo antes de ver la movilización de todo el salón hacia donde el ruido provenía. Julito, invadido por la emoción, enfiló a todo galope hacia donde el montón de gente parecía disfrutar del clímax de una bolita bien realizada. Unos metros antes de llegar a la bolita, Julito brincó con todas sus fuerzas, estiró los brazos y apretó los ojos (pa' que no le doliera tanto). ¡Pooc! De nuevo, y misteriosamente, Julito había impactado directamente con su panza el espacio de piso donde se suponía que dos segundos antes estaba toda la gente. Julito no volvió a participar nunca jamás en una de estas bolitas, ahora sí había aprendido la lección.
Hoy en día Julito se recupera de un grave trauma psicológico y yo, como acto de buena fé, he creado la fundación «Pro-bolitas seguras» para todos aquellos niños como Julito que han tenido malas experiencias derivadas de las crueles, pero maravillosas, bolitas escolares. Necesitamos de tu apoyo para seguir dandole tratamiento a todos nuestros chicos. Aceptamos donativos via giro telegráfico, cheque, depósito bancario y PayPal. Si deseas más información llama al 01 800 1-BOLITAS. Ayúdanos a ayudar, su futuro está en tus manos.
Los casos aquí mencionados son verídicos. Algunas acciones pueden variar levemente de su contexto original, pero se hizo lo posible para mantener la fidelidad de los sucesos. No intentes realizar esto en casa a menos que seas un profesional o de plano muy pendejo. Come frutas y verduras.



1 comentarios:
Ja,ja,ja,ja...
no manches, pobre wey!
¿Cómo sobrevivió a tal impacto?
(Llamaría para apoyar, pero me cortaron el teléfono.)
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