jueves, agosto 25, 2005

Estoy todo lo iguana que se puede

De la misma manera que he conocido a muchos escritores, poetas y músicos, vine a dar con el señor Carlos Pellicer, poeta tabasqueño, filósofo y literato, arqueólogo, político, museólogo y destacado miembro de la Academia Mexicana de la Lengua; y digo «de la misma manera» porque también a este lo conocí por mera casualidad.

Hace tiempo sin querer oí una poesía con título homónimo al de esta entrada, que no he vuelto a escuchar (ni leer) y vagamente recuerdo:

...Y es la tierra, mi tierra, el polvo mío,
el árbol de la noche sollozada,
las puntuales blancuras de la garza,
las luces de mis ojos, el trayecto
de una mirada a otra mirada.

En ese momento solo supe el título de la obra y el apellido del autor: «Pellicer», ¡vaya que fue bueno este señor! Si alguien la conoce completa, por favor envíemela. Por el momento les dejó un fragmento de «Horas de junio», poema que encontré en un viejo libro de por acá.

¿Cuál de todas las sombras es la mía?
A todo cuerpo viene la belleza
y anticipa en los aires la proeza
de ser sin el poema poesía.
Junio dos nubes mágicas me fía
y ya soy cielo en que la duda empieza.
¿Apoyaré tan pronto la cabeza
en la mano profunda que aún no es mía?